Fiet Gratia

El testimonio de una víctima de trata: “No podía más, estaba desesperada”

Mi nombre es Nicoleta, soy de Rumanía. Quiero compartir mi historia.

Siempre deseé ser amada por mi familia, tener un hogar feliz y sentir el amor de mi madre. Sin embargo, desde mi infancia sentí el rechazo y desprecio de mis padres. Viví con ellos hasta mis 18 años, momento en el que mi madre me vendió a una familiar.

Llegué a España un día que nunca olvidaré. Vine engañada, pensando que venía a trabajar cuidando a personas mayores, pero esto no fue así. Cuando llegué me llevaron a una casa. Me cortaron el pelo y me lo pintaron. Me dieron unas tarjetas con palabras en español para que fuera conociendo el idioma. Después de una semana, me llevaron a un club y me obligaron a prostituirme. Todo lo que ganaba tenía que dárselo. Solo recibía malos tratos, vejaciones, insultos y desprecios.

Después de estar dos años ejerciendo la prostitución en un club, intentaron venderme a unos albaneses para ganar más dinero conmigo. Al final, me cambié a otro club, donde acabé de nuevo siendo explotada sexualmente, y en peores condiciones que antes, durante casi seis años.

Continuamente me preguntaba: “¿Por qué me tiene que pasar todo esto a mí? ¿Qué hice yo para merecer algo así?”. Estaba desesperada y me sentía sola, sólo quería el amor de mi familia. Ni siquiera podía hablar con ellos sin estar controlada. 

En unas Navidades, otra familiar vino a pasar las fiestas con nosotros. Ella vio que no me encontraba bien y se dio cuenta de lo que me estaba pasando y lo que hacían conmigo. Me ofreció la posibilidad de irme con ella a otro club donde el trato era totalmente distinto a los anteriores. Estuve allí unos meses hasta que decidí regresar con mi familia a Rumanía. Por fin había salido de ese calvario, o eso pensaba.

Cuando llegué a Rumanía me enteré de que mis padres se habían separado. Le pedí a mi padre si podía quedarme en su casa, pero acabó echándome porque no tenía dinero para pagarle. Lo mismo pasó con mi madre.

Al no tener lugar a donde ir, decidí ir a una de las ciudades grandes del país en busca de trabajo. Conseguí un empleo de costurera y estuve trabajando por dos años y medio, hasta que me diagnosticaron una enfermedad grave y me echaron de la empresa.

Estuve hospitalizada y recibiendo tratamiento durante seis meses, llegando a estar entre la vida y la muerte. En esos momentos mi familia me volvió a demostrar que sólo quería mi dinero y yo no le importaba ni lo más mínimo.

Cuando me dieron el alta no tenía ningún lugar a donde ir, así que comencé una relación con un chico mayor que había conocido durante mi estancia en el hospital. Confié en él y le conté toda mi historia, pero finalmente también acabó engañándome y trayéndome a España para ejercer prostitución.

No podía más, estaba desesperada.

Un día conocí a una chica que me ayudó a salir de la situación en la que me encontraba. Me habló de la ONGD Fiet Gratia y de la labor que hacían con mujeres víctimas de trata para fines de explotación sexual. Así que ingresé en una de sus casas de acogida en Madrid, y estuve realizando mi proceso de restauración durante dos años.

Ahora trabajo como mediadora social en uno de los recursos residenciales de Fiet Gratia y estoy muy feliz de poder ayudar a mujeres que han pasado por lo mismo que yo.