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La trata en el entorno digital: el lado más oscuro de Internet

El último Informe Global sobre Trata de Personas publicado por la UNODC ha puesto de manifiesto una realidad que, dado el reinado tecnológico y digital imperante en nuestros días, no ha cogido por sorpresa a la gran mayoría.

Tratantes y proxenetas han adaptado sus métodos de captación y explotación al mundo digital, principalmente en lo que se refiere a la búsqueda y reclutamiento de menores en redes sociales, una práctica que se ha visto aún más acrecentada por el contexto pandémico que está viviendo nuestra sociedad.

“La pandemia ha revelado la urgencia de analizar el uso de la tecnología digital en la trata y de cómo aprovechar esta tecnología para combatir el delito”, sentencia Dalia Leinarte, integrante del comité de la ONU para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer.

La trata en el entorno digital: el lado más oscuro de Internet

En efecto, esto es lo que debería ocurrir, y no al revés. Pero, hoy, las leyes dentro y fuera de las fronteras nacionales resultan deficientes para combatir la trata de personas, y más especialmente cuando las actividades delictivas trascienden los medios convencionales para camuflarse y prosperar en el espacio virtual. 

Las redes sociales y las aplicaciones de mensajería facilitan a los tratantes, principalmente, el acceso, el reclutamiento y la explotación sexual de sus víctimas en el caso de niñas y mujeres. Pero Internet abre sus puertas a escenarios aún más escalofriantes: la red permite transmitir en directo la explotación sexual de las víctimas, lo que dispara los beneficios y extiende el abuso hasta centenares y miles de consumidores en todo el planeta.

‘Cazar’ (los tratantes eligen a sus objetivos, sobre todo a menores, según criterios que les hacen más “susceptibles a la explotación o el abuso”) y ‘pescar’ (publicando anuncios, normalmente ofertas de trabajo bien pagadas, para atraer a víctimas potenciales) en la red son, según el informe de Naciones Unidas, los dos modus operandi más utilizados por los tratantes en el entorno digital.

Por desgracia, Internet y las redes sociales simplifican este tipo de estrategias, gracias a factores como la facilidad para recabar información personal de las víctimas o el empleo de identidades falsas por parte de los tratantes.

El mundo digital, con sus innumerables virtudes y posibilidades, también acoge un mundo oscuro: el acceso a una inmensa cantidad de chicas (y chicos) vulnerables, con unos riesgos y un coste muy bajo para los criminales que se lucran de ello. 

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