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Relato de una mujer que se salvó (primera parte)

Hoy me encuentro en España, en donde, aunque no ha sido fácil, he podido comenzar una nueva vida y por primera vez he podido encontrar la libertad y la tranquilidad que tanto deseaba y que toda mujer tiene derecho a tener.

Recuerdo que cuando era niña, mi mayor deseo era encontrar el amor en mi hogar, en mis padres. No pudo ser, mi padre fue un hombre muy dominante, y mi madre una mujer triste, vacía, sin motivación y rodeada de obligaciones, dependiente de él.

relato de una mujer que se salvo primera parte
Fuente imagen: proyectovidaplena.com

Cierro los ojos y recuerdo el sonido de las llaves de mi padre abriendo la puerta por la mañana, después de llevar toda la noche fuera. Lo primero que hacía era llamar a mi madre mientras golpeaba las paredes, no entendía qué pasaba, ahora creo que quería dejar claro que era él quien mandaba en esa casa. Recuerdo la rabia, los gritos y los golpes y cómo yo tenía miedo y me escondía debajo de la cama para evitar todo ese horror. Y como él nos pedía perdón y nos traía regalos, mientras mi madre mantenía la cabeza y la mirada gacha, sin hacer nada.

Una de las veces, mi padre cogió a mi madre, la echó al suelo y comenzó a darle patadas. Fue la primera y única vez que mi hermano pequeño se metió en medio, pero mi padre lo cogió y lanzó su cuerpo pequeñito lejos. Yo solo era capaz de mirar, pero recuerdo que ese día no me escondí, y fue el primer día que mi madre, mientras recibía todos esos golpes, gritaba que odiaba a mi padre. Cuando él se marchó, mi madre hizo las maletas, las escondió, nos pidió que guardásemos su secreto porque nos íbamos a ir a un lugar seguro. Al día siguiente, huimos a casa de una amiga de mi madre y estuvimos sin poder ir a la escuela 15 días por el miedo que tenía mi madre a que nos encontrara, lo que así fue, momento en el que comenzó otra pesadilla.

Mi padre no dejaba de perseguir, vigilar y amenazar a mi madre, impidiendo que ella pudiese rehacer su vida, afirmando que él era la víctima y ella era quien no paraba de ponerle los cuernos. Llegó un punto en el que mi madre no pudo más, conoció a un hombre con quien decidió irse del país, dejándonos a cargo de mi padre y sin siquiera haberse despedido de nosotros.

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